Análisis I Hate This Place

Título: I Hate This Place Plataforma: PlayStation 5 y Nintendo Switch
Genero: Survival horror Distribuidor: Meridiem
Meridiem anunció a finales del pasado mes de enero la edición física del nuevo survival horror I Hate This Place para PlayStation 5 y Nintendo Switch. Se trata de una propuesta con una marcada personalidad propia, inspirada en el cómic homónimo creado por Kyle Starks y Artyom Topilin. De la mano del estudio Rock Square Thunder y con publicación de Feardemic, el juego busca hacerse un hueco entre los aficionados al terror y la escena independiente gracias a su llamativa estética inspirada en los cómics de terror de los años 80, una ambientación inquietante y una propuesta que combina supervivencia, exploración y tensión constante.
HISTORIA
“Elena”, la protagonista de I Hate This Place, y su amiga “Lou” regresan al pueblo de su infancia, lugar donde vive la tía de nuestra protagonista, con el propósito de descubrir “la verdad”. Para ello, ambas preparan un antiguo ritual de invocación con la intención de traer al mundo a una misteriosa criatura conocida como “El Hombre Cornudo”. Nunca queda del todo claro si estamos ante un dios o un demonio, aunque Lou parece convencida de que su naturaleza está más cerca de lo primero que de lo segundo.
Tras recitar las palabras necesarias para completar la invocación, Lou desaparece de forma repentina y sin dejar rastro, esfumándose como por arte de magia y dejando completamente sola a Elena. Es justo en ese momento cuando comienza nuestra aventura a los mandos de la protagonista, mientras empiezan a surgir numerosas preguntas: ¿quién es realmente Elena?, ¿qué secretos unen a su familia con ese lugar?, ¿dónde ha ido a parar Lou? y, sobre todo, ¿qué es realmente esa inquietante criatura llamada “El Hombre Cornudo”?
A lo largo de la aventura propuesta por I Hate This Place iremos desentrañando todas estas incógnitas y muchas otras revelaciones, descubriendo poco a poco qué relación existe entre nuestra protagonista, su familia y ese extraño pueblo. Todo ello envuelto en una estética inspirada en los cómics de terror y las cintas VHS de los años 80, dando forma a una experiencia repleta de monstruos, acción, disparos y una constante sensación de inquietud.
GRÁFICOS
Hemos disfrutado I Hate This Place en su versión para PlayStation 5 Pro, y el juego se ha mantenido siempre suave y estable, funcionando a una resolución 4K y 60 imágenes por segundo. La cámara adopta un plano superior de carácter isométrico, lo que nos permite observar en todo momento a la protagonista desde las alturas, así como una gran parte del entorno que vamos a explorar, tanto en exteriores como en interiores.
La estética del videojuego rinde homenaje directo al cómic en el que se basa, incorporando detalles muy cuidados como las clásicas “onomatopeyas” que acompañan los pasos de la protagonista, los impactos de las armas cuerpo a cuerpo o los disparos de las armas de fuego. Estos pequeños elementos refuerzan la sensación de estar ante un cómic en movimiento. Además, el título juega también con una estética de cinta VHS de los años 80, con las típicas bandas, interferencias y líneas propias de una grabación deteriorada, logrando una combinación muy acertada para lo que el juego quiere transmitir. A esto se suman escenarios tanto oscuros y opresivos como otros más coloridos, destacando especialmente el diseño artístico de los menús y sus ilustraciones.

El videojuego incorpora además un ciclo horario que nos indica el paso del tiempo a lo largo del día, permitiéndonos experimentar los escenarios tanto bajo la luz del día como en plena oscuridad nocturna. En estos momentos, la iluminación ambiental y el uso de la linterna se vuelven elementos clave para la exploración y la supervivencia.
En cuanto al diseño de escenarios, personajes y enemigos, el juego cumple con nota. Tanto la interfaz de gestión de objetos como las interacciones con personajes aliados o los enfrentamientos contra enemigos resultan claros, intuitivos y funcionales. Todo ello contribuye a reforzar la identidad visual y jugable del título, que consigue transmitir con coherencia la personalidad que pretende ofrecer.
SONIDO
En cuanto al apartado sonoro y musical de I Hate This Place, nos encontramos con algunas luces y sombras. En el lado positivo, el juego cuenta con voces en inglés que aportan personalidad a los personajes de este survival horror de corte macabro. Los efectos de sonido también cumplen con nota: son variados, contundentes y están bien implementados, desde puertas que crujen hasta vísceras que estallan, pasando por golpes de bate, escopetas disparando o la hierba que pisamos al caminar o correr, elementos que contribuyen a crear una atmósfera tensa y envolvente.
El principal problema reside en la prácticamente inexistente banda sonora. En las aproximadamente siete horas que dura la aventura, el silencio nos acompaña durante la mayor parte del recorrido, lo cual no es necesariamente negativo, ya que el silencio puede ser un gran aliado en el género del terror. Sin embargo, el problema aparece en ciertas notas musicales que suenan de forma recurrente en momentos puntuales y que, en lugar de reforzar la tensión, llegan a resultar algo molestas o incluso desconcertantes. Da la sensación de que están ahí para cubrir un vacío evidente en el apartado musical del título.
Por fortuna, y como ya se ha mencionado, la calidad, variedad y contundencia de los efectos de sonido compensan en gran medida la ausencia de una banda sonora más trabajada, sosteniendo el apartado sonoro del juego con solvencia.
JUGABILIDAD
Las mecánicas jugables de I Hate This Place están bien definidas y resultan, en general, satisfactorias. Controlamos a Elena desde una perspectiva isométrica, siendo la exploración la mecánica principal del videojuego. Nos movemos por un mapa de mundo semiabierto repleto de recursos que podemos recolectar. Con estos materiales es posible fabricar objetos esenciales para la supervivencia, por lo que es fundamental prestar atención constante a tres indicadores principales: la salud (rojo), la resistencia (azul) y el hambre (verde). Esto nos obliga a revisar prácticamente cualquier cajón, nevera, baúl o contenedor que encontremos para obtener armas, comida y materiales de creación o mejora.
El juego ofrece una gran variedad de entornos. Por un lado, áreas al aire libre dominadas por la naturaleza, con abundante vegetación, agua estancada y bosques; y por otro, espacios cerrados como casas, minas o cuevas, todos ellos diseñados para la exploración. En estos escenarios también encontramos personajes aliados que nos propondrán misiones secundarias, ampliando así el contenido de la aventura.

A esto se suman distintos puzles que nos obligan a interactuar con el entorno: atravesar zonas estrechas, utilizar linternas, accionar palancas, encontrar fusibles o incluso emplear dinamita. También podemos recolectar notas escritas y audios que ayudan a profundizar en la historia del juego y su trasfondo narrativo.
El sistema de creación es bastante amplio y entretenido. A través de planos y recetas podemos elaborar desde platos cocinados que mejoran nuestras estadísticas hasta bancos de trabajo para fabricar armas, objetos o accesorios. Todo ello contribuye a enriquecer la supervivencia y a adaptar la experiencia al estilo de cada jugador.
En cuanto a la acción, el juego ofrece un combate variado y directo, con linternas, bates, pistolas, escopetas, granadas o ametralladoras, entre otras armas, para hacer frente a las criaturas que habitan el pueblo. Todo ello se integra en un sistema de progresión basado en misiones principales y secundarias, diario de objetivos y exploración constante. El resultado es un título repleto de monstruos, demonios y rituales macabros, que se sitúa a medio camino entre el cómic y la estética de cine serie B de los años 80.
CONCLUSIONES
I Hate This Place nos ha resultado un título entretenido gracias a su estética heredada del cómic en el que se basa, su ambientación de película de serie B ochentera y sus mecánicas de creación y supervivencia. Es un videojuego que consigue precisamente lo que se propone: contentar a los fans del género indie mediante una propuesta centrada en la exploración, la creación y la acción, todo ello en entornos variados y sangrientos, plagados de gore, criaturas y monstruos.
En este contexto, la habilidad del jugador, el ingenio, el uso de las armas, la resolución de puzles y la gestión de recursos resultan fundamentales para superar la aventura que plantean sus desarrolladores. El resultado es una experiencia coherente con su identidad, que apuesta claramente por un enfoque estilizado y funcional dentro del survival horror.

NOTA:6,5
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